sábado, 21 de enero de 2017

25 años de la AMRP

LOS PRIMEROS AÑOS DE LA AMRP.
(Asociacion Madrileña de Rehabilitacion Psicosocial, www.amrp.info )

Vamos a hacer un poco de memoria. Era el principio de los años ’90. Tras la Transición, España estaba preparada para asumir cambios y reformas. Algunas importantes iniciativas reformadoras en salud mental habían comenzado ya en Madrid, impulsadas por un comprometido grupo de profesionales, aprovechando los vientos de cambio.  El Informe del Defensor de Pueblo (1991) daba fe de la muy deficiente situación en la atención en los hospitales psiquiátricos. En 1986 se aprueba la Ley General de Sanidad, que apostó por el modelo comunitario en salud mental. En 1996, la OMS publicó la Declaración de Consenso Rehabilitación Psicosocial, que formalizó de manera teórica la filosofía de la Rehabilitación Psicosocial (RPS). Se fue configurando una generación de profesionales interesados en asumir el reto de apoyar y conducir las reformas.
Así, al hilo de la reforma comenzada, en Madrid se comenzó a organizar un sistema de atención específico en Rehabilitación Psicosocial. Tras un periodo de deliberaciones –por decirlo de manera resumida-, los servicios comenzaron a ser creados con la configuración de gestión que hoy ya conocemos: como servicios financiados de manera pública, gestionados por diferentes entidades, dirigidos con criterios comunes desde el sector de los servicios sociales, y cuidadamente coordinados con el sistema sanitario.


En estas aparece la idea de crear una asociación específica en Rehabilitación Psicosocial. La AMRP se creó así, como agente integrante del desarrollo del modelo teórico de RPS, que asigna un rol significativo a la sociedad civil; y como un instrumento en apoyo del proceso de progresiva creación de nuevos recursos que se preveía.
Cuando comenzó la andadura de la AMRP, había mucho, mucho por hacer. Como sociedad científica de profesionales, había que impulsar y consolidar el nuevo espacio que representaba la RPS, un espacio previsto en el Modelo Comunitario, pero en cierto sentido inédito, porque a pesar de que no faltaban experiencias de RPS en el panorama internacional, ni algunos profesionales que las conocían, en realidad no teníamos referencias próximas para saber a que se tenía que parecer un servicio de RPS en Madrid. Habia que buscarlas en modelos creíbles –como por ejemplo, nuestro interés en el Manual de Liberman-, pero que no se sabía si se ajustarían realmente a  nuestras necesidades.



Así, el reto para la actividad de AMRP tenía un doble aspecto. Uno claramente político, donde AMRP afrontaba la responsabilidad de defender e impulsar el modelo teórico de RPS –ante una parte del sector profesional escéptico y con diferente visión y  prioridades- ; y otro aspecto científico en conexión con lo anterior, donde hacía falta definirlo, justificarlo, validarlo empíricamente,  y darle forma en Madrid en la práctica.
La labor política que afrontaba la de AMRP, y que ha desarrollado en estos años ha sido, a mi juicio, muy importante, especialmente en un modelo en que han aparecido y se han ido consolidando diversos actores en la gestión de los servicios. La existencia de una entidad independiente, integrada por profesionales de diversas entidades que observaba la realidad de Madrid y se planteaba su actividad desde ahí, ha aportado al desarrollo de la RPS una plus de coherencia y de credibilidad.

En la definición científica de nuestro campo en Madrid, la AMRP también ha prestado un servicio muy importante. Cuando la RPS comenzaba su andadura en Madrid, nadie sabía a ciencia cierta que aspecto podría tener un servicio madrileño de RPS. La AMRP en ese sentido comenzó a organizar jornadas, eventos científicos y formativos, trayendo a nuestra Comunidad a profesionales acreditados en la experiencia, algunos pioneros de la RPS en España -como Ramon Blasi-, pero también de otros países, como Franco Rotelli (Trieste), Dori Hutchinson (Boston), Geoff Shepherd (de UK), Federico Allodi o Jean Caron (Canadá), etc. Esa contribución, que se hizo con gran entusiasmo y unos recursos verdaderamente modestos, y en un tiempo donde el Internet aún no tenia el grado de accesibilidad que tiene hoy, contribuyó a establecer un estándar creíble para nosotros y homologable internacionalmente. También, y eso algo muy importante, favoreciendo espacios de intercambio de experiencias, ha ido contribuyendo en la configuración de un estilo y unos valores en la formación de los profesionales de nuestra comunidad y de nuestro país. La inquietud internacional de miembros de la Junta de la AMRP, en la convicción de que salir del ámbito puramente local aportaría una perspectiva valiosa,  nos llevó a participar en los congresos de la WAPR en Rotterdam, Hamburgo, París, y sucesivos. Esa actividad facilitó el intercambio de información y aceleró la evolución del estilo de nuestros servicios, para ser capaces de elaborar nuestra experiencia de forma propia.

Como actor desde la sociedad civil, la AMRP se planteó colaborar con las entonces incipientes organizaciones de familiares, apoyando a personas líderes en su momento como Silvestra Moreno, o Margarita Henkel, participando en innumerables actos, o configurando una plataforma desde la que se realizaron muchas actividades conjuntas en defensa del desarrollo del modelo, como los actos del día de la Salud Mental. Pero también promocionando eventos pioneros en las actividades contra el estigma, como el evento “Hagamos Una Locura” en el Teatro Monumental, en el que se sacó la RPS de sus reductos especializados y se la llevó al espacio multimedia, y ante el gran público, creando un precedente que ha sido después replicado muchas veces.

AMRP también fue pionera en la difusión de la idea de apoyar a organizaciones de usuarios, idea que al principio, en nuestro entorno, parecía completamente revolucionaria, y que tomó mas cuerpo con el tiempo en la medida en que esa experiencia fue mejor conocida.
A mi juicio, la AMRP ha tenido una peripecia exitosa. Sus dos desafíos iniciales se han cumplido en buena medida. La RPS es un modelo de atención ahora consolidado en nuestra comunidad, que cuenta con una red de servicios aun en expansión. Y se ha formado una generación de profesionales que trabaja en el desarrollo de ese modelo. La AMRP ha sido parte de ese proceso.
Algunas de las tareas en las que la AMRP fue decisiva inicialmente, han sido asumidas después por otros actores. La formación, por ejemplo, en la que AMRP tuvo un papel destacado en sus comienzos, ha sido asumida con medios muy superiores a los disponibles por AMRP por las entidades que a lo largo de estos años han crecido y se han consolidado. Sin embargo, el lugar de AMRP sigue siendo importante: nada podría sustituir ventajosamente a la AMRP como portavoz y observador independiente especializado de la RPS en Madrid.

Esta breve reseña de sobre el recorrido de la AMRP no estaría completa sin incluir su participación en la creación de la FEARP. Tras la visita a finales de 2001 de Zeb Taintor, a la sazón presidente de WAPR, que nos lanzó al idea de crear una entidad estatal que se pudiera vincular con la WAPR, comenzamos a considerarlo. Esa idea fue bien acogida por distinguidos colegas de otras comunidades. Aquí es obligada la mención a José Uriarte, cuyo entusiástico apoyo a la idea en nuestro encuentro en el Congreso WAPR de París fue decisivo. La idea se concretó en el I Congreso Estatal de FEARP, organizado por AMRP en Madrid, que resultó pionero en varios aspectos. Por ejemplo, fue la primera vez que un congreso de profesionales, delegó plenamente la organización de una sesión plenaria a usuarios. También se convocó al evento a usuarios de diversas partes del estado, para apoyarles y considerar con ellos como apoyar al movimiento de usuarios. Y por primera vez en, tuvimos ocasión de coincidir directamente con un grupo de figuras de primera magnitud de la RPS como Marianne Farkas o  Julian Leff.



Este breve recorrido recoge una parte de las contribuciones de AMRP en su primeros años, en los que tuve el honor de participar desde varias Juntas, y algunos de los nombres de las personas que contribuyeron a su desarrollo – además de los mencionados, habría que evocar las contribuciones fundamentales de Miguel Donas, José Manuel Cañamares, Clara López, Miguel A. Castejón, y otros.


Pero no puedo terminar sin reiterar mi convicción de que las contribuciones de estas y otras personas, que formaron parte de las sucesivas Juntas, trabajaron desinteresadamente en la organización de Jornadas, en la edición de las publicaciones, y en las distintas convocatorias y actividades, han sido decisivas en la configuración de un estilo profesional, un modo de entender de trabajo en la RPS; un estilo científico, humano y solidario que constituye el legado de la generación a la que pertenezco a los profesionales actuales y futuros.

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