Entre las muchas cosas interesantes que uno puede hacer para no ver la tele, he seguido la entrevista que estos Konstantin Kissin y Francis foster, dos interesantes caballeros de "Trigernometry", comediantes profesionales, y creadores de uno de los videoposcast mas interesantes de la Red.
En esta ocasión, he escuchado la entrevista que hacen Eva Lovia, una ex actriz de pornografía. Me ha interesado mucho como material para comprender la forma en que evoluciona el comportamiento sexual actual, la forma en que lo sexual se acomoda en nuestra cultura, y los límites racionales a los que se puede llegar cuando se mezclan lo sexual, los medios de comunicación, el dinero, las ganas de sobrevivir, las ganas de trasgredir, y las ganas de justificar nuestro comportamiento.
Tras escucharla, he hecho unas pocas anotaciones inspiradas en mi trabajo clínico con adolescentes, y en mis desconciertos y apuros cuando algunos y algunas jovencitas consideran comprometerse en actividades sexuales "de riesgo", ya sea la pornografía, la prostitución, la promiscuidad irreflexiva, etc. Escuchando a esta brillante joven, me he acordado de como mis pacientes me trataban de convencer, o buscaban algún tipo de aprobación, o me retaban, explicándome que la sexualidad en cualquiera de sus forma, es natural y positiva, y que exponerse en redes, tener sexo con desconocidos, compartir imágenes corporales por las redes, o ir a reservados de discotecas con desconocidos que les invitaban a cosas, es algo normal. Y de pronto, este terapeuta que en los años '70 y '80 coqueteaba con las ideas del amor libre, etc, se encontraba sermoneándores sobre los peligros de comportamientos sexuales irreflexivos, especialmente a las chicas y a las adolescentes gays, que en cuanto descubran el "superpoder" de ser sexualmente atractivos, se lanzaban a experimentar. Siempre encontraban voluntarios para hacerles un favor el fin de semana, y los lunes me tocaba "recoger los pedazos" en el hospital de día.
Así que incluyo aquí el link la entrevista, y a continuación abono mis reflexiones y observaciones, en gran contraste con la forma en que Eva Lovia refiere su historia.
https://www.youtube.com/watch?v=zGhXOrWkfOs
Mis comentarios.
Enhorabuena por la entrevista.
Desde mi perspectiva (como psicoterapeuta), tengo muchas objeciones a las opiniones de esta señora. Parece muy segura y convencida de su punto de vista y sus decisiones, pero, como le dijo uno de los entrevistadores, en el fondo siento que está equivocada. O dicho de ora manera, me pregunto si hoy le recomendaría este camino a su propia hija.
Por mas que hallamos "normalizado" la pornografia, opino que existen objeciones profundas, con fundamentos antropológicos, que afectan negativamente la verdadera valoración personal hacia las personas que se exponen sexualmente en público. Y no son argumentos morales, sino fundamentados en las cosas y los valores personales que hacen que vivamos la vida de manera armónica y equilibrada.
Creo que ella es consciente de ello. Atribuye cierto tabu social a la religión, pero creo que la religión simplemente lo ha heredado. Creo que el verdadero sentimiento es la vergüenza. La vergüenza es un sentimiento profundamente arraigado que contribuye a moldear nuestro comportamiento social, señalando ante nosotros mismos conductas que nos perjudican.
En otras palabras, el sexo está ligado al afecto; cuando no lo está, deja una incómoda sensación de vacío. Por mucho que se intente encubrir la venta de sexo a cambio de dinero, por mucho que se celebre en los medios, en la cruda realidad social, es vergonzoso.
No creo que se pueda "normalizar" el trabajo sexual. En mi trayectoria profesional, he presenciado las reacciones de hijos e hijas de trabajadoras sexuales al descubrir la verdad: primero perplejidad y luego vergüenza. Una vez atendí a un chico que descubrió a su madre en una página web de acompañantes. Se sintió tan avergonzado que tuvo que dejar el colegio. Una joven a la que atendí, al descubrir que su madre era trabajadora sexual, se negó a aceptar más su dinero para pagar la universidad. Otra de mis clientas adolescentes, una joven muy atractiva, hija de una mujer rusa también muy atractiva, me daba una tras otra pistas sobre el trabajo de su madre: fotos muy sensuales en sus redes sociales, mucho jabón de hotel en el baño de su casa, un trabajo muy exigente con un horario muy flexible y muchos viajes de fin de semana. Nunca se habían atrevido a hablar entre ellas de eso.
En mi experiencia, las reacciones de los novios de las trabajadoras no son más fáciles. Uno de mis clientes descubrió que su novia era escort después de dos años de relación, mientras planeaban su boda y demás, y quedó completamente conmocionado y se sintió traicionado. La historia de otro de mis clientes fue diferente: él era el taxista habitual de una escort, la llevaba a su destino y esperaba hasta que terminara el servicio, como una especie de guardaespaldas. En esa situación, se sentía muy realizado. A veces ella le pagaba con sexo, y él estaba muy complacido con eso. Se enamoraron, pero su relación pronto se volvió muy conflictiva: el hombre empezó a sentir celos y humillación. Después de un tiempo, comenzó a comportarse como su proxeneta, con un profundo resentimiento y desdén hacia ella; sin embargo, no podía oponerse ya que ella era quien aportaba la mayor parte de los ingresos de la pareja.
La historiadora del arte Camille Paglia, autora de "Sexual Personae", afirmó que el sexo es un importante motor social que, para su buen funcionamiento, debe manejarse con cuidado. En mi vida profesional, he visto que muchos que no lo hacen, pagan un alto precio.
Sinceramente espero que nada de esto afecte a esta mujer tan inteligente, ni a su familia. Y también espero que su recorrido no sea un referente para las nuevas generaciones.